J. M. Ortega Melero

Sóc nascut a Sant Feliu de Guíxols, al carrer Algavira, en una casa que ja no existeix i que ni tan sols recordo, un octubre de 1976. Vaig estudiar EGB al col·legi públic l’Estació i BUP i COU a l’institut de Sant Elm. Des de ben petit em va donar per l’escriptura i vaig acumular molts textos pels calaixos de casa dels meus pares. Però no va ser fins al 2008 que m’hi vaig posar seriosament, gràcies a en Gerardo Segura, gran professor i millor persona. Autodidacta i a base de molt llegir i escriure, he publicat tres novel·les, dues ambientades a Sant Feliu. A “Mas líbranos del mal” (2010) podeu acompanyar al mosso d’esquadra Victor Fàbregas investigant uns assassinats a la nostra localitat. També a la població ganxona apareix un assassí en sèrie a “Instintos” (2015) i el principal cap de turc de la policia és en Damià Parera, un professor d’institut que torna al seu Sant Feliu natal. A cavall entre l’Empordà i Toledo transcorre “El secreto de las brujas” (2012), on l’Arquímedes Boix tracta d’esbrinar qui ha segrestat la filla d’uns amics i es veurà embolicat en un secret que l’església intentarà amagar costi el que costi.

Treballs recents

José M. Ortega Melero - Mas líbranos del mal

MÁS LÍBRANOS DEL MAL

¿Creen ustedes que un loco es consciente de serlo? ¿Se han parado a pensar dónde está el límite entre la locura y la cordura? Es muy posible que sea una línea muy delgada y fácil de traspasar. Yo tengo muchas dudas de mi estado mental. En estos momentos de mi vida no sabría asegurarles si estoy cuerdo o si he franqueado ese límite del cual dicen que no hay retorno. Quizá sólo por el hecho de planteármelo ya me esté respondiendo, quizá no.

José M. Ortega Melero - El secreto de las brujas

EL SECRETO DE LAS BRUJAS

Rozó con sus yemas el denso fluido vital, que aún manaba caliente del cuerpo del párroco. Horrorizado se incorporó, limpiando los dedos en sus pantalones, y examinó el interior de la iglesia con nerviosismo. El asesino aún podía estar allí. Y no le faltaba razón. Oculto tras un pilar, Caín acechaba a su víctima, mientras enroscaba un silenciador a su fiel Beretta. Asomó ligeramente la pistola y, tras comprobar que el individuo estaba de espaldas, el mercenario apuntó a su objetivo. Debía matarlo y después, con la iglesia vacía y cerrada, podría buscar el cáliz con calma.

José M. Ortega Melero - Instintos

INSTINTOS

Sin fuerzas para más se tumba en el asfalto y consigue ver el pelo rubio de su compañero detrás de la furgoneta. La esperanza deja paso a la muerte, al ver que el otro agente yace en el suelo con los ojos azules sin vida clavados en los suyos. La madrugada abre el telón del amanecer y el improvisado escenario frente al monasterio deja los cadáveres de los dos actores secundarios, mirándose el uno al otro con sendas hendiduras en el cuello, mientras el actor principal desaparece a esperar un nuevo instinto.

José M. Ortega Melero - Mas líbranos del mal

MÁS LÍBRANOS DEL MAL

¿Creen ustedes que un loco es consciente de serlo? ¿Se han parado a pensar dónde está el límite entre la locura y la cordura? Es muy posible que sea una línea muy delgada y fácil de traspasar. Yo tengo muchas dudas de mi estado mental. En estos momentos de mi vida no sabría asegurarles si estoy cuerdo o si he franqueado ese límite del cual dicen que no hay retorno. Quizá sólo por el hecho de planteármelo ya me esté respondiendo, quizá no.

José M. Ortega Melero - El secreto de las brujas

EL SECRETO DE LAS BRUJAS

Rozó con sus yemas el denso fluido vital, que aún manaba caliente del cuerpo del párroco. Horrorizado se incorporó, limpiando los dedos en sus pantalones, y examinó el interior de la iglesia con nerviosismo. El asesino aún podía estar allí. Y no le faltaba razón. Oculto tras un pilar, Caín acechaba a su víctima, mientras enroscaba un silenciador a su fiel Beretta. Asomó ligeramente la pistola y, tras comprobar que el individuo estaba de espaldas, el mercenario apuntó a su objetivo. Debía matarlo y después, con la iglesia vacía y cerrada, podría buscar el cáliz con calma.

José M. Ortega Melero - Instintos

INSTINTOS

Sin fuerzas para más se tumba en el asfalto y consigue ver el pelo rubio de su compañero detrás de la furgoneta. La esperanza deja paso a la muerte, al ver que el otro agente yace en el suelo con los ojos azules sin vida clavados en los suyos. La madrugada abre el telón del amanecer y el improvisado escenario frente al monasterio deja los cadáveres de los dos actores secundarios, mirándose el uno al otro con sendas hendiduras en el cuello, mientras el actor principal desaparece a esperar un nuevo instinto.

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